Si no hubiera entrado cumplidamente en la cincuentena, no podría mirar atrás y llegar a ver el horizonte.
Si no hubiera sido durante catorce años una ejemplar esposa y madre a la antigua usanza, en casa y con la pierna quebrada, no apreciaría ahora el fresco aroma de la libertad de una relación comprometida y sincera, pero sin ataduras.
Si no hubiera sido madre, no sabría lo que es sentir miedo de verdad, ni me habría descubierto a mí misma convertida en una paranoica que continuamente vislumbra peligros, aún inimaginables, acechando por todas partes a mi hija.
Si no hubiera vivido rupturas y conflictos en mi familia, si no conociera el regusto amargo del rechazo y el desprecio de los de mi propia sangre, no entendería como entiendo los problemas de mi hija, y no respetaría como respeto los esfuerzos a veces titánicos de mi padre por mantener unida a su rebelde y levantisca prole.
Si no hubiera emprendido dos negocios, que me permitieron paladear las mieles del triunfo, para dejarme caer luego en el abismo de la bancarrota, si no hubiera conocido sucesivamente la más glamourosa opulencia y las más tremendas estrecheces, no apreciaría lo que tengo, lo que hago y lo que gano, no pensaría como ahora pienso que el dinero es un medio y jamás un fin, que la riqueza es relativa porque es más rico quien menos necesidades tiene.
Si no hubiera probado todos (o casi todos) los placeres, si no hubiera cruzado mi camino con los más rijosos machos ibéricos, si no hubiera sido víctima y juguete de alguno de los tipos más viciosos y pervertidos del mundo, no me habría sentido nunca sucia, utilizada y prostituida, pero tampoco hubiera aprendido lo inútil y vacío que es convertir el sexo en un ejercicio atlético, lo insípida que es la carne cruda tomada sin gracia, con la avidez de un perro famélico a quien le lanzan un bistec. No sabría apreciar en suma lo bonito que es amar a quien haces el amor, más allá de sueños de adolescentes hiperhormonados sobre orgasmos salvajes y vergas caballunas. Lo hermoso que es simplemente despertar al lado de la persona a quien amas, sentir su respiración y saber que está vivo, y que por tanto el mundo sigue teniendo sentido.
Si no hubiera viajado por todo el mundo, me parecería vulgar el paisaje del lugar en el que vivo. Si no me hubiera iluminado el sol de cinco continentes, no me daría cuenta que es el mismo sol que brilla sobre mi jardín, el que hace crecer mis flores. Si no hubiera visto las cuatro esquinas de la tierra, seguramente no habría asumido que la verdadera y auténtica maravilla del mundo no es otra que aquel lugar, sea cual sea, en el que te sientes en casa.

Has vivido! No te arrepientas de nada de lo que hayas pasado, bueno ni malo, pues como dices todo te ha conducido a ser como eres ahora.
Me gusta encontarme con alguien que asume cómo és y cómo ha llegado a serlo... No es demasiado habitual...
Encantado de conocerte, nos seguiremos leyendo...
Todo lo que has hecho, pensado y vivido ha sido un reflejo exacto de tu personalidad, y eso es, francamente, maravilloso. Pocas personas entran en una nueva década y analizan la cantidad de cosas que han vivido. Muchos viven en el rencor, en el soledad, en la angustia. Fíjate las cosas que has hecho tú. Me parece cojonudo!
Si te place,puedes visitar mi blog:
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y comentarme qué tal te ha parecido, ok? ¡Espero disfrutes!
Saludos!
Eres la vida en si misma, se tu, y vive.
Que se le puede decir al respecto si puedes compartir tu cama con el ser amado apreciando todo a tu alredeor; este s tu tiempo sin duda alguna